Inicio Histórico de Noticias Plan de Formación Cursos de Formación Retiros
2016
Caridad Biblioteca y Documentos Oraciones y Meditaciones Curiosidades Conferencia Episcopal Ecumenismo Año de la Fe
Vidas de Fe Enlaces Contactar
Quienes somos
Donde estamos Privacidad Escuela


Jornadas Diocesanas de responsabilidad en el tráfico - 19 al 25 de octubre de 2009

FAMILIA, PARROQUIA Y COLEGIO JUNTOS PARA LA FORMACION RELIGIOSA CATOLICA

CURSOS DE FORMACION PARA HERMANDADES Y COFRADÍAS

CURSOS DE FORMACION LITURGICA PARA DIPUTRADOS DE CULTOS, PRIOSTES Y ACOLITOS

< VOLVER A VIDAS DE FE

Vidas de Fe
D. Pedro José Martínez Sánchez

Un seglar comprometido por vivir su vocación bautismal.

Pedro José Martínez Sánchez, 38 años de edad, casado y padre de tres hijos. Seglar que supo estudiar, reflexionar y orar con la Palabra de Dios. Amante de la Eucaristía, encontró en ella la fuerza para vivir su vocación de esposo y padre de familia, y trabajar en la tarea de la evangelización y formación de los laicos en su Parroquia y Archidiócesis.

D. PEDRO JOSE MARTINEZ SANCHEZ

  • Nació el día 10 de mayo de 1970, en Madrid. Recibió el Sacramento del Bautismo en la Clínica de la Paz, el día 11 de mayo de 1970. Un año después regresan a Sevilla. Creció en el seno de una familia cristiana practicante.

  • Vivió su infancia, adolescencia y primeros años de juventud en las parroquias del Cristo del Perdón, de San Benito y en el Seminario Medio, de la Archidiócesis de Sevilla.

  • Seminarista del Seminario Mayor diocesano de Sevilla entre los años 1988 y 1992.

  • Deja el Seminario, por haber descubierto que el Señor lo llamaba a la vida seglar pero termia los estudios de Teología en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, donde alcanzó la licenciatura en Ciencias Eclesiásticas.

  • Licenciado en psicología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

  • Ejerció como profesor en el Colegio Luis Braille, de la ONCE., en Sevilla.

  • Profesor de Religión en el Instituto de Educación Secundaria María Inmaculada, de Mairena del Alcor.

  • Desde el año 1992 fue miembro activo de la Comunidad Parroquial de Ntra. Sra. del Mayor Dolor, donde contrajo matrimonio, bautizó a sus tres hijos y participaba, junto a su familia, de la Eucaristía dominical.

  • En la Parroquia de Ntra. Sra. del Mayor Dolor vivía su vocación cristiana como catequista de prematrimoniales, responsable de la formación de catequistas, coordinador de los cursos de teología y animador en las celebraciones de la Eucaristía.

  • Colaboraba con la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías impartiendo cursos de formación para los cofrades.

  • Participaba activamente en las actividades organizadas por la Delegación de Enseñanza.

 

Encontrándose en la localidad de Guadalcanal sufrió unas calenturas y fue trasladado, durante la mañana del domingo día 27 de julio de 2008, al Centro de Salud de Llerena. Horas más tarde fue ingresado al Hospital de Mérida.

A las 5 horas de la mañana del martes, día 29 de julio, recibió el Sacramento de la Santa Unción. A las 7´30 horas entregó su vida al Señor.

La Eucaristía de Corporen in Sepulcro se celebró en la Parroquia de Nuestra Señora del Mayor Dolor, de Sevilla, el día 30 de julio de 2008, presidida por el Vicario General de la Archidiócesis y concelebrada por veinte sacerdotes. Participaron más de 700 fieles.

La Comunidad Parroquial de Ntra. Sra. del Mayor Dolor se unirá a él en la Celebración de la Eucaristía el día 29 de cada mes.

 

La Resurrección de mi hijo Pedro José

Una infección sin causa conocida lo estaba matando, en la UCI del Hospital de Mérida. Los sanitarios hacían cuanto en sus manos estaba y no conseguían avance alguno. Nosotros: su esposa, su madre, sus hermanos, sus padres y hermanos políticos, sus amigos y yo, rezábamos.

Así se pasó el lunes 28 de Julio y la madrugada del martes 29: los sanitarios intentándolo y nosotros rezando.

Yo recé sin descanso, puesta mi confianza en Dios. En el Corazón de Jesús, cuya devoción me inculcó mi madre desde pequeño. No se me cayeron de los labios la Novena de la Confianza y el “Sagrado Corazón de Jesús en vos confío”. Y, también, le rezaba a ella, que tan cerca debe de estar de Él.

La figura del Patriarca Abraham se me hizo cercana e, igual que él, confiaba contra toda esperanza. No me importaba lo que nos decían los médicos: que no reaccionaba..., que tenía afectados varios órganos..., que...

“Señor, di una sola palabra y mi hijo quedará sano”. “Tú puedes, Señor. Si quieres, puedes. Quiere, Señor”.

Sobre las cinco de la madrugada, llegó Manolo Soria, su amigo, su compañero de Seminario, el que lo casó, le bautizó a sus tres hijos y le apadrinó a la mayor. El párroco del Mayor Dolor, la parroquia de la Barriada de la Barzola de Sevilla donde, mi hijo, desarrollaba su pastoral de cristiano comprometido. Lo ungió con los Santos Óleos y lo bendijo.

A las siete y media dejaba de existir. Era el día de Santa Marta y, como ella empecé a reprocharle al Señor su ausencia: “¿Dónde estabas? Si hubieses estado aquí no habría muerto mi hijo. ¿Dónde estabas, Señor?”.

Pero..., si yo había notado su presencia cercana aquella madrugada, ¿cómo podía haberlo dejado morir? Era una contradicción a la que no tenía respuesta y en la que estuve instalado hasta el día siguiente, hasta el momento de la celebración de la Eucaristía, de córpore in sepulto, en la parroquia de la Barzola.

Más de veinte sacerdotes concelebrando con el Vicario de la Diócesis y la iglesia abarrotada de amigos, porque lo querían y nos quiere mucha gente. Y allí, en ese “escenario” se me hizo presente el Jesús al que tanto había invocado; al que yo creía ausente. Lloraba igual que llorábamos nosotros. No le era ajeno. Lo quería tanto como nosotros. Él también perdía a un amigo, a un operario fiel en la construcción de su Reino. Y le vi avanzar hacia el féretro y, como a Lázaro, decirle al cadáver con voz potente: “¡Pedro José, mi querido amigo, sal fuera!”. Y mi hijo, ¡¡¡RESUCITÓ!!!

Resucitó en las palabras de los celebrantes, en la actitud de la asamblea, en los cánticos y, sobretodo en la homilía del Vicario que reflejó con precisión toda su vida de entrega a la causa del Reino, su entusiasmo, su permanente disponibilidad, su preparación. Hijo ejemplar, hermano ejemplar, esposo ejemplar, padre ejemplar, amigo ejemplar...

Mi hijo, a sus treinta y ocho años, estrenaba un cuerpo glorioso y nos daba su mejor catequesis. La catequesis de su vida, su muerte y su resurrección. Catequesis sobre la Fe, sobre la confianza, sobre la Esperanza contra toda esperanza y sobre el Amor. Toda una multitud llenando el templo fue testigo y fruto de ese amor, cuya siembra le ocupó toda su vida. Por eso nos atrevimos, su madre y yo, a subir al Altar y gritarle a la muerte: “que no había tenido sobre él la última palabra, que Dios se había apresurado a resucitarlo para que gozara de su Presencia eternamente”.

Estamos apenados por su ausencia, pero nos conforta la certeza de su resurrección y estamos orgullosos de haber tenido un hijo, un esposo, un padre, un hermano así; porque, como dijo su párroco, al final de la Eucaristía, tenemos un nuevo Santo en la Iglesia: Pedro José Martínez.

Su padre: Antonio Martínez

 

NUESTRO HIJO PEDRO JOSÉ

ORGULLO DE PADRES

Siempre nos hemos sentido orgullosos de nuestros cinco hijos, alabados como modelos a seguir por todos los que los conocen. Podríamos contar las virtudes de cada uno de ellos y de esa manera confirmar la veracidad de tales alabanzas, pero, en las presentes circunstancias, los cuatro hijos que nos quedan entenderán que hoy sólo hablemos del que nos falta: del mayor de ellos, de Pedro José, que a sus 38 años, fue cogido a traición por una maldita enfermedad que se lo llevó en tres días.

Desde pequeño apuntó cualidades que le hacían especial. Era inteligente y trabajador, por lo que siempre fue brillante en sus estudios. También, como sus hermanos, era generoso, y esa virtud le granjeó el aprecio y la amistad de todos los que tuvieron la suerte de compartir algún momento de su vida.

El paso por el Seminario Diocesano fue la respuesta a una inquietud de entrega y de servicio que siempre le acompañó. Fueron años que le formaron para la tarea que había escogido para su vida: la de operario en la construcción del Reino; y esa tarea, la llevó a cabo, sin interrupción y sin descanso, desde su condición de hijo, de hermano, de esposo, de padre, de amigo y de educador en la Fe. Todo su tiempo estuvo marcado por esa disponibilidad que Cristo reclama de sus elegidos y, a fe que gracias a ella, su corta vida precisa de un sistema de medida especial, ya que se nos resiste entender cómo pudo desarrollar tan ingente labor catequética.

Quizás puedan servir para definirlo, mejor que nuestras palabras, las publicadas por los Profesores de Religión en su página de Internet el jueves 31 de julio:

La peor de las noticias que podíamos recibir. Este martes, de forma absolutamente inesperada, ha muerto nuestro compañero Profesor de Religión de Secundaria de Sevilla (I.E.S. María Inmaculada de Mairena del Alcor) PEDRO JOSÉ MARTÍNEZ SÁNCHEZ, de tan sólo 38 años de edad, y padre de 3 hijos. El profundo dolor e impacto de la noticia entre los que le conocíamos hace muy difícil el poder articular palabra alguna. Por ello agradecemos a nuestro compañero Melchor las líneas siguientes:

..../... El miércoles en la parroquia del Mayor Dolor de Sevilla, hemos podido constatar la gran calidad de Pedro José. He podido percibir personalmente, cómo era querido y amado por todas aquellas personas que entraban en comunicación y contacto con él. Es de esas personas, que pasan por tu lado sin hacer ruido ninguno, con el que gustaba hablar en los distintos encuentros de los profesores de la ERE, siempre con la sonrisa en los labios y dando ánimos, pero que al mismo tiempo allí donde estaba involucraba y trasmitía muy bien toda su experiencia y vivencia de fe. Enganchaba con facilidad a todos aquellos que le rodeaban, una especie de tornado allí donde trabajaba y estaba, no dejaba a nadie indiferente y eso lo hemos podido ver esta mañana.

Esa mañana, en la Eucaristía que precedió a su sepelio, el Vicario de la Diócesis que la presidía, acompañado de más de veinte sacerdotes y ante la multitud de amigos que llenaban el templo y sus aledaños, resaltó, -porque lo conocía bien-, la obra cristiana de un hombre para el que no existía el tiempo.

¡Cuánto lo echamos de menos! Él era el referente para todos.

Hoy, al mes y medio de su muerte, la serenidad impregna nuestra oración y nos dirigimos al Padre, como debió hacerlo María el primer Sábado Santo de la historia *{El evangelio secreto de la Virgen María (Santiago Martín)}.

 

Gracias, Padre Bueno, porque nos dejaste tenerle.

Gracias por habernos permitido ser sus padres y disfrutar de él. Gracias por haber podido vivir a su lado, recibiendo de él ternura tras ternura.

Gracias porque pudimos alimentarle, abrazarle, protegerle y educarle.

Gracias porque pudimos sacrificarnos por él, luchar por él, sufrir por él.

Gracias porque, incluso después de su muerte, estamos siéndole útiles en esa lucha extraordinaria que ha sido el objeto de su vida.

Gracias por la familia que creó y nos ha dejado: su esposa y sus tres hijos.

Y gracias, en definitiva y sobre todo, porque sabemos que está vivo, aunque ahora le sintamos lejos.

Y porque algún día podremos estar juntos para siempre.

Amén.

 

Sus padres: Paquita y Antonio

 

Inicio| Formación Permanente | Cursos de Formación| Formación Litúrgica | Retiros | Instituto de la Juventud| Acción Social | Noticias y Convocatorias | Documentos | Oraciones y Meditaciones | Enlaces | Quienes Somos | Contactar | Donde Estamos | Fundación Persan | Privacidad
Resolución mínima 1024x768 - (c) HH. y CC. - Todos los derechos reservados MERCURIO ESTUDIOS