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ESTACIÓN de PENITENCIA
Santa Iglesia Catedral de Sevilla
Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías

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PRIMERA PARTE

A la llegada de la Cruz de Guía a la S.I.Catedral, el lector dirá:

+ En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Hace “Estación de Penitencia” la ... (Título completo de la Hermandad).

Continúa:

En estos momentos realizamos nuestra Estación de Penitencia en la Santa Iglesia Catedral. Todos, unidos en hermandad, daremos público testimonio de nuestra fe en Jesucristo y de nuestra pertenencia a la Iglesia Católica.

Cada año, las hermandades y cofradías de la Archidiócesis de Sevilla se unen en la oración al Señor con una intención común. En este año 2016, ofrecemos la Estación de Penitencia POR LOS FRUTOS ESPIRITUALES DEL JUBILEO DE LA MISERICORDIA, PIDIENDO AL SEÑOR QUE LA CONTEMPLACIÓN DE LA MISERICORDIA QUE ÉL TIENE CON CADA UNO DE NOSOTROS, LA VIVAMOS DESOPUÉS EN NUESTRAS RELACIONES CON LOS HERMANOS. PEDIMOS TAMBIÉN AL SEÑOR QUENOS AYUDE A VALORAR CAD DÍA MÁS EL SACRAMENTO DEL PERDOÓN Y DE LA RECONCILIACIÓN, EL SACRAMENTO DE LA PAZ, DE LA ALEGRÍA Y DEL REENCUENTRO CON DIOS.

Sigue:
Reconocemos nuestros pecados y pedimos perdón a Dios nuestro Padre.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor”.

“Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante vosotros hermanos,

que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

SEGUNDA PARTE

A la llegada del Paso de Cristo o de Misterio a la S.I.Catedral, el lector hará la siguiente reflexión sobre el Padrenuestro:

Uno de sus discípulos le pidió a Jesús que los enseñara a orar y Él lo hizo, enseñándoles la oración del Padrenuestro. Es así como Jesús nos regaló esta oración siendo la oración cristiana fundamental, la que todos nos sabemos, mayores y pequeños, la que rezamos en la casa, en el colegio, en la Misa. A esta oración también se le llama “Oración del Señor” y “Oración Dominical” porque nos la dejó Cristo y en esta oración pedimos las cosas en el orden que nos convienen. Es también la oración propicia para el Año Jubilar de la Misericordia, pues la rezamos confiando en el amor providente y misericordioso del Señor.

Ante quien hace burla y ofensa del Padrenuestro, pedimos al Señor por la conversión de aquellos que no entienden que las palabras de Jesús son espíritu y vida. Concédenos ser testigos coherentes de la fe por si en alguna ocasión nuestros pecados fueron motivo para que otros se alejaran de Él.

Dios sabe que es lo mejor para nosotros. A través del Padrenuestro vamos a hablar con nuestro Padre Dios. Se trata de vivir las palabras de esta oración, no solo de repetirlas sin fijarnos en lo que estamos diciendo.

El Padrenuestro está formado por un saludo y siete peticiones.

Saludo

PADRE NUESTRO, QUE ESTÁS EN EL CIELO,

Con esta pequeña frase nos ponemos en presencia de Dios para adorarle, amarle y bendecirle. ¡PADRE!: Al decirle Padre, nosotros nos reconocemos como hijos suyos y tenemos el deseo y el compromiso de portarnos como hijos de Dios, tratar de parecernos a Él. Confiamos en Dios porque es nuestro Padre.

PADRE “NUESTRO”: Al decir Padre Nuestro reconocemos todas las promesas de amor de Dios hacia nosotros. Dios ha querido ser nuestro Padre y Él es un Padre bueno, fiel y que nos ama muchísimo. “Padre Nuestro” porque es mío, de Jesús y de todos los cristianos.

“QUE ESTÁS EN EL CIELO”: El cielo no es un lugar sino una manera de estar. Dios está en los corazones que confían y creen en Él. Dios puede habitar en nosotros si se lo permitimos. Dios no está fuera del mundo, sino que su presencia abarca más allá de todo lo que podemos ver y tocar.

Las siete peticiones

Después de ponernos en presencia de Dios, desde nuestro corazón diremos siete peticiones, siete bendiciones.

Las tres primeras son para dar gloria al Padre, son los deseos de un hijo que ama a su Padre sobre todas las cosas. Las cuatro últimas le pedimos su ayuda, su gracia.

1. SANTIFICADO SEA TU NOMBRE;

Con esto decimos que Dios sea alabado, santificado en cada nación, en cada hombre. Depende de nuestra vida y de nuestra oración que su nombre sea santificado o no. Pedimos que sea santificado por nosotros que estamos en Él, pero también por los otros a los que todavía no les llega la gracia de Dios. Expresamos a Dios nuestro deseo de que todos los hombres lo conozcan y le estén agradecidos por su amor.

Expresamos nuestro deseo de que el nombre de Dios sea pronunciado por todos los hombres de una manera santa, para bendecirlo y no para blasfemar contra él. Nos comprometemos a bendecir el nombre de Dios con nuestra propia vida.

2. VENGA A NOSOTROS TU REINO;

Al hablar del Reino de Dios, nos referimos a hacerlo presente en nuestra vida de todos los días, a tener a Cristo en nosotros para darlo a los demás y así hacer crecer su Reino; y también nos referimos a que esperamos a que Cristo regrese y sea la venida final del Reino de Dios.

Cristo vino a la Tierra por primera vez como hombre y nació humildemente en un establo. En el fin del mundo, cuando llegue la Resurrección de los muertos y el juicio final, Cristo volverá a venir a la Tierra, pero esta vez como Rey y desde ese momento reinará para siempre sobre todos los hombres. Se trata de ayudar en la Evangelización y conversión de todos los hombres. Hacer apostolado para que todos los hombres lo conozcan, lo amen.

Pedimos el crecimiento del Reino de Dios en nuestras vidas, el retorno de Cristo y la venida final su Reino.

3. HÁGASE TU VOLUNTAD, EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO.

La voluntad de Dios, lo que quiere Dios para nosotros es nuestra salvación, es que lleguemos a estar con Él.

Le pedimos que nuestra voluntad se una a la suya para que en nuestra vida tratemos de salvar a los hombres. Que en la tierra el error sea desterrado, que reine la verdad, que el vicio sea destruido y que florezcan las virtudes.

4. DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA;

Al decir “danos” nos estamos dirigiendo a nuestro Padre con toda la confianza con la que se dirige un hijo a un padre.

Al decir “nuestro pan” nos referimos tanto al pan de comida para satisfacer nuestras necesidades materiales como al pan del alma para satisfacer nuestras necesidades espirituales.

En el mundo hay hambre de Dios y hambre de pan. Nuestro amor a Jesucristo nos compromete a luchar contra esos dos tipos de hambre.

5. PERDONA NUESTRAS OFENSAS, COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN;

Los hombres pecamos y nos alejamos de Dios, por eso necesitamos pedirle perdón cuando lo ofendemos. Para poder recibir el amor de Dios necesitamos un corazón limpio y puro, no un corazón duro que no perdone los demás.

Este perdón debe nacer del fondo del corazón. Para esto necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo y recordar que el amor es más fuerte que el pecado.

6. NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN,

El pecado es el fruto de consentir la tentación, de decir sí a las invitaciones que nos hace el demonio para obrar mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce hacia el pecado, hacia el mal. El Espíritu Santo nos ayuda a decir no a la tentación. Hay que orar mucho para no caer en tentación.

7. Y LÍBRANOS DEL MAL.

El mal es Satanás, el ángel rebelde. La pedimos a Dios que nos guarde de las astucias del demonio. Pedimos por los males presentes, pasados y futuros. Pedimos estar en paz y en gracia para la venida de Cristo.

AMÉN.

Solemos finalizar el Padrenuestro con esta expresión que significa asentimiento de las palabras que preceden y confianza en la gracia de Dios para su cumplimiento. Porque el Padrenuestro es petición y compromiso, que se unen para rogar la misericordia de Dios.

Y ahora como Hermandad, juntos rezamos:

“Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén”.

TERCERA PARTE

A la llegada del Paso de la Virgen a la S.I.Catedral, se reza:

Bajo tu protección nos acogemos,
Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita

El Papa Francisco, en la Bula “Misericordiae Vultus” sitúa a la Santísima Virgen María como excelsa compañera de camino en la peregrinación de la humanidad hacia la divina misericordia, escuchemos sus palabras:

El pensamiento se dirige ahora a la Madre de la Misericordia. La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, para que todos podamos redescubrir la alegría de la ternura de Dios. Ninguno como María ha conocido la profundidad el misterio de Dios hecho hombre. Todo en su vida fue plasmado por la presencia de la misericordia hecha carne. La Madre del Crucificado Resucitado entró en el santuario de la misericordia divina porque participó íntimamente en el misterio de su amor.

Elegida para ser la Madre del Hijo de Dios, María estuvo preparada desde siempre para ser Arca de la Alianza entre Dios y los hombres. Custodió en su corazón la divina misericordia en perfecta sintonía con su Hijo Jesús. Su canto de alabanza, en el umbral de la casa de Isabel, estuvo dedicado a la misericordia que se extiende “de generación en generación”. También nosotros estábamos presentes en aquellas palabras proféticas de la Virgen María. Esto nos servirá de consolación y de apoyo mientras atravesaremos la Puerta Santa para experimentar los frutos de la misericordia divina.

Al pie de la cruz, María junto con Juan, el discípulo del amor, es testigo de las palabras de perdón que salen de la boca de Jesús. El perdón supremo ofrecido a quien lo ha crucificado nos muestra hasta dónde puede llegar la misericordia de Dios. María atestigua que la misericordia del Hijo de Dios no conoce límites y alcanza a todos sin excluir ninguno. Dirijamos a ella la antigua y siempre nueva oración del Salve Regina, para que nunca se canse de volver a nosotros sus ojos misericordiosos y nos haga dignos de contemplar el rostro de la misericordia, su Hijo Jesús.

Y ahora, junto con la Santísima Virgen María, cantemos la misericordia del Señor con las palabras del Magnificat:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre”

Al finalizar la Estación de Penitencia de nuestra Hermandad pidamos a la Virgen, su intercesión:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,

vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;

a ti suspiramos gimiendo y llorando

en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora abogada Nuestra,

vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,

y, después de este destierro,

muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Oh, clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar

las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Sevilla, Semana Santa, 2016

Marcelino Manzano Vilches, Pbro. Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías

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