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La Formación en el mundo de las Hermandades

Don Carlos Amigo Vallejo, nuestro querido Cardenal de Sevilla, en cierta ocasión y en un encuentro que tuvimos los responsables de Formación del Consejo General de Hermandades y Cofradías de nuestra ciudad, donde fuí uno de los ponentes itinerantes, dijo que “en la Formación debemos tomar la iniciativa, más que ir a remolque de los acontecimientos”.

Muchos cofrades tienen una visión parcial o fragmentada de la fe. Muchas veces me pregunto que si los cofrades no conocen bien la que profesan, ¿cómo pueden dar testimonio de ella en el mundo actual?. En otras épocas, podrían ser suficientes en conocimientos y la experiencia revividas en ambientes configuradas por una cultura cristiana, pero hoy en día es imposible.  Para que los cofrades puedan evangelizar en nuestra sociedad actual, es preciso que hayan cristianos cofrades que estén más que alimentados en la fe de la Iglesia. Su formación es una prioridad de máxima urgencia para toda la iglesia, para todas las hermandades. Un cofrade que escucha atentamente la palabra de Dios en su vida, con fe, con sencillez, con espíritu de gratuidad, con constancia y prontitud, sintiendo la necesidad de la palabra de Dios, servirá sin lugar a dudas para dar razones de su esperanza.

Hoy vivimos en el mundo serios y decisivos momentos de transformación, tanto en el ámbito sociocultural como en la misma Iglesia. Se ha pasado de una cultura manual a una cultura tecnológica. Hoy se valora, indudablemente, sobre todo la capacidad inventiva y creativa del ser humano. El mundo está sometido a cambios rápidos y profundos y todo esto hace que las empresas estén seriamente preocupadas y volcadas al reciclaje de sus miembros, a la formación permanente del personal. Se organizan y se hacen continuamente cursos de formación.

Si el ser humano actual está en actitud de formación permanente a fin de no perder el ritmo de la historia en ningún campo del saber en general, el cofrade no puede ser menos, tiene que estar constantemente al día, a fin de ser capaz de dar “razón de la propia esperanza a todo el que se la pida” ( Cf. 1 Pe 3,15).

Y desgraciadamente hoy en día existe un amplio desconcierto en muchos bautizados, en muchos cofrades, porque no saben dar razón seria, profunda, adulta, de la propia esperanza en medio de una sociedad indiferente,  permisiva. No saben valorar debidamente los criterios morales que emanan del Evangelio. En muchas hermandades no se tiene una auténtica escala de valores, de acuerdo con el Evangelio, pues se antepone lo accidental, lo externo por encima de los valores profundos, serios, decisivos. Muchos cofrades desconocen la Sagrada Escritura, “desde la materialidad de los diversos libros hasta los criterios de interpretación y el verdadero mensaje que nos da” como diría el sacerdote Don Antonio María Calero de los Ríos. Desconocen las enseñanzas y directrices cristianas del Papa, de nuestro Arzobispo y de la Conferencia Episcopal. Desconocen en profundidad la Doctrina Social de la Iglesia y la aplicación de los criterios cristianos en los campos de la política, economía y cultura. Incluso los mismos miembros de las Juntas de Gobierno de muchas hermandades carecen de la formación cristiana y eclesial que corresponde a personas que por responsabilidad van a conducir a las hermandades a la iglesia del siglo XXI. En el documento conciliar del Vaticano II Apostólicam Actuositatem se dice: “El apostolado solamente puede conseguir su plena eficacia en  una formación multiforme y completa”.  Y en el documento Christifideles laici se puntualiza: “Los fieles laicos (los cofrades en definitiva)han de ser formados para vivir aquella unidad con la que está marcado su mismo ser de ser miembros de la Iglesia y de ciudadanos de la sociedad humana”.

Antes de terminar, invito a todo lector de estas líneas a recogernos en un momento de reflexión personal. También sería un buen momento invitar a todas las Juntas de Gobierno de las innumerables hermandades de nuestra archidiócesis. Me parece oportuno, al llegar estos momentos finales, mirar un momento hacia arriba de estos textos y contestarnos con seriedad a las preguntas que detallo a continuación:

- ¿Dán las hermandades al tema de formación la verdadera importancia?.
- ¿Se toman en serio las hermandades la formación cristiana?.
- Tienen las hermandades trazados algunos planes sistemáticos de formación específicamente cristiana?.
- Las numerosas predicaciones y cultos de las hermandades, a lo largo del año, ¿están hechas dentro de un plan sistemático de formación o a salto mata, sin un orden determinado?.
- ¿Podemos ver con esperanza el futuro de las hermandades, gracias a la seriedad con que llevan los jóvenes cofrades su proceso formativo cristiano?...

Y termino con lo que San Juan Pablo II atribuyó a Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein): “No aceptéis como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad. El uno sin la otra se convierten en una mentira destructiva.”

ALBERTO ÁLVAREZ PÉREZ
Diácono.
Parroquia de San Vicente Mártir de Sevilla.

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