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Carta Semanal Arzobispo de Sevilla
Pascua del Enfermo

24/04/2016

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo domingo, día 1 de mayo, celebraremos en toda la Archidiócesis la Pascua del Enfermo. En Sevilla, a las 11 de la mañana, con una solemne Eucaristía en la que administraré el sacramento de la unción, tendremos en la Catedral el Jubileo de los enfermos, de las personas ancianas, de los discapacitados y de todos los que trabajan en este sector pastoral.

La Pascua del Enfermo, es una jornada ya clásica en el calendario anual de las comunidades cristianas. En ella se nos recuerda el quehacer y el compromiso que los cristianos tenemos con nuestros hermanos enfermos. Ellos ocupan un lugar importante en el ministerio público de Jesús y, en consecuencia, deben de ocupar un lugar central en la vida de nuestras comunidades y en la vida personal de cada cristiano.

Durante su vida pública, la ocupación principal de Jesús fue anunciar la buena nueva del Reino de Dios y curar toda enfermedad y toda dolencia (Mt 9,35). Y esto es también lo que encarga a sus discípulos: “Id anunciando que el Reino de los cielos está cerca. Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos y expulsad demonios." (Mt 10,7-8). La cercanía de Jesús a los enfermos es constante. Cura a los enfermos y expulsa a los demonios como signo de la verdad de su mensaje, como revelación del amor y de la misericordia de Dios. Enfermos y endemoniados son los pobres preferidos por Jesús.

El mandato de Jesús a sus Apóstoles está dirigido también a nosotros. La Iglesia ha heredado esta predilección del Señor por los enfermos. En las vísperas de la llamada Pascua del Enfermo, recuerdo a todos los cristianos de la Archidiócesis que la atención preferente, el cuidado esmerado y el servicio solícito a los enfermos debe estar en el centro de interés de las comunidades parroquiales y de cada uno de nosotros. Todos hemos de acercarnos al enfermo con amor, compasión y generosidad, con respeto, misericordia y deseos de servir. Ante un enfermo, los cristianos tenemos que ver siempre la imagen dolorida de Jesús, identificado por amor con todos los dolores y sufrimientos de los hombres.

Esta obligación nos urge siempre, pero especialmente en este año jubilar. Aquí tenemos todos un campo inmenso para el ejercicio de las obras de misericordia: los familiares que les cuidan en casa con infinito amor, los sacerdotes que les visitan semanalmente, entendiendo que éste es uno de los quehaceres fundamentales de su ministerio, los religiosos que tienen como carisma el servicio a los enfermos, los voluntarios que colaboran con la Delegación de Pastoral de la Salud en sus visitas a los enfermos en clínicas y hospitales, los miembros de los grupos parroquiales comprometidos en esta pastoral específica, y cada uno de nosotros, llamados a compartir nuestro tiempo, nuestra alegría y nuestro afecto con nuestros familiares, amigos y vecinos enfermos.

En ellos nos espera el Señor, pues Él se identifica especialmente con los pobres y nadie es más pobre que aquel a quien le falta un bien tan preciado como es la salud. Cuando visitamos, servimos y ayudamos a los enfermos, estamos sirviendo, visitando y ayudando en ellos al Señor (Mt 25,36 y 43). Ellos son la viva imagen del Señor crucificado. Ellos, ofreciendo sus dolores a Dios, son un auténtico tesoro para nuestras comunidades y una fuente fecunda de energía sobrenatural para la Iglesia.

Si algún enfermo merece especialmente la solicitud maternal de la Iglesia son los enfermos que no tienen familia y que están solos en sus casas o en los hospitales. Ellos son los predilectos del Señor y deben ser los preferidos de los capellanes, de los servicios de la Delegación Diocesana y de los voluntarios.

En Caná el protagonista es Jesús, que lleno de misericordia realiza el milagro. Muy cerca está María, madre previsora y orante, que intercede ante su Hijo, que no rechaza la petición de su Madre. El Papa nos dice que este acontecimiento nos llena de esperanza, pues tenemos una Madre con ojos vigilantes y compasivos, con un corazón maternal lleno de misericordia; con unas manos que quieren ayudar.

Que en la Santísima Virgen, consoladora de los afligidos y salud de los enfermos, encuentren la consolación de Dios y la salud nuestros hermanos enfermos. Que ella, siempre atenta como en Caná a las necesidades de los que sufren, bendiga, sostenga y fortalezca a quienes les cuidáis, servís y visitáis,

Para los enfermos y todos los que estáis implicados en la pastoral de la salud, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo PelegrinaArzobispo de Sevilla.

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