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Invitación a la Misa Crismal de Martes Santo
29/03/2015

Queridos hermanos y hermanas:

Con la bendición de los ramos comenzaremos este domingo la Semana Santa del año 2015, la Semana Mayor de la cristiandad, en la que vamos a actualizar la Historia más grande que vieron los siglos, la epopeya del amor y la generosidad de Dios, que no se contenta con acercarse a nosotros de múltiples modos a lo largo del Antiguo Testamento, sino que en la plenitud de los tiempos, nos envía a su Hijo al mundo para salvar y redimir al hombre, alejado de Dios por el pecado del paraíso, para brindarle su misericordia y su amistad y hacerle partícipe de su vida divina.

A lo largo de la Semana Santa vamos a revivir los acontecimientos redentores, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Preparémonos a vivirlos con autenticidad, reconciliándonos con Dios y con nuestros hermanos por medio de una buena confesión, para reencontrarnos con el Señor, para recuperar la paz y la alegría y continuar con gozo su seguimiento. Que en estos días busquemos espacios largos para el silencio y la oración, agradeciendo al Señor su inmolación voluntaria por nosotros, la institución de la Eucaristía y el regalo de su madre. Acompañemos al Señor y a su madre bendita con recogimiento y sentido penitencial en las hermosas estaciones de penitencia de nuestros pueblos y ciudades.

Vivamos con intensidad la Pascua, es decir, el paso del Señor de este mundo al Padre, que es al mismo tiempo el paso del Señor junto a nosotros para humanizarnos, santificarnos y ofrecernos los frutos de su Pasión. Quiera Dios que quien resucita glorioso en la Pascua florida, resucite también en nuestros corazones y en nuestras vidas. Sólo así experimentaremos la verdadera alegría de la Pascua. Este es mi augurio para todos los cristianos de la Diócesis en los umbrales de la Semana Mayor, que deseo para todos verdaderamente santa y santificadora.

El próximo Martes Santo, a las doce de la mañana, tendremos en nuestra catedral la santa Misa crismal, en la que concelebraremos los dos obispos y un gran número de sacerdotes, que renovarán sus promesas sacerdotales y su sí incondicional a Cristo, cuando el arzobispo les pregunte si están dispuestos a permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración de la Eucaristía y en las demás acciones litúrgicas, y a desempeñar fielmente el ministerio de la predicación. En esta Eucaristía bendeciremos los santos óleos y consagraremos el santo crisma. Con él, serán ungidos los nuevos cristianos y serán signados los que reciban la confirmación. Con él ungiré también las manos de los nuevos presbíteros, que con la ayuda de Dios, ordenaré el próximo 28 de junio. Con el óleo de los catecúmenos serán ungidos los que van a recibir el bautismo, y con el de los enfermos el Señor fortalecerá a los que sufren en su cuerpo, para que unan sus dolores a la Pasión de Cristo, convirtiéndolos en torrente de vida para la comunidad eclesial.

En esta Eucaristía, de una gran hondura sacerdotal, los presbíteros estrecharemos nuestra comunión con el Señor y entre nosotros como partícipes del único sacerdocio de Jesucristo y miembros de un único presbiterio. En ella encomendaremos a la piedad y misericordia de Dios el eterno descanso de los sacerdotes fallecidos durante el año y recordaremos con afecto a los sacerdotes ancianos y enfermos. Los obispos, en nombre propio y en nombre de los fieles, daremos gracias a los sacerdotes por su fidelidad humilde, por su trabajo abnegado, por su cansancio, por sus manos llenas de callos, por su generosidad silenciosa y sus sufrimientos. Daremos también gracias a Dios por el bien inmenso que los sacerdotes fieles, buenos y entregados hacen a nuestras comunidades, no siempre reconocido socialmente.

La Misa crismal, una de las ceremonias más bellas y de más rico simbolismo de todo el año litúrgico, tiene como lugar propio la mañana de Jueves Santo. En nuestro caso, para facilitar la asistencia de los sacerdotes, la celebramos en la mañana del Martes Santo. Tal vez por ello participan un número pequeño de religiosas y de fieles laicos. A unas y otros me dirijo en esta carta semanal para invitaros a que vengáis a la Misa crismal a manifestar a los sacerdotes vuestro aprecio agradecido. Venid a rezar con nosotros y por nosotros. Pedid al Señor que seamos fieles, que seamos hombres de vida interior; en suma, que seamos santos. Pedid también por las vocaciones. Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

La Misa crismal es una expresión bellísima de la comunión de la Iglesia. En ella se cumple lo que dice el salmo 133: qué hermoso es ver a los hermanos unidos. A todos nos une el vínculo de la consagración bautismal, el sacerdocio común y la pertenencia al Cuerpo Místico. A todos os espero el próximo Martes Santo en nuestra catedral.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo PelegrinaArzobispo de Sevilla.

 

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