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"Miguel Mañara, Gloria de la Iglesia"
Cartas de Mons. Pelegrina, Arzobispo de Sevilla

26/02/2012

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Queridos hermanos y hermanas:

En el elenco de vidas santas de nuestra Archidiócesis figura por derecho propio el Venerable D. Miguel Mañara, cuya vida admirable llena un tramo importante del siglo XVII sevillano. Desde principios del siglo XIX tiene incoada la causa de canonización, actuando como actora la Hermandad de la Santa Caridad, pero no ha llegado todavía el día en que sea declarado beato y ulteriormente santo. Es Venerable desde el 6 de julio de 1985, fecha en que el Papa Juan Pablo II proclamó la heroicidad de sus virtudes. Si Mañara no figura todavía en el catalogo de los santos y beatos, se debe a que no ha realizado todavía los milagros requeridos, en primer término para su beatificación y posteriormente para su canonización.

No creo equivocarme si afirmo que su figura va resultando cada vez más lejana para los sevillanos, a pesar de los esfuerzos encomiables de la Hermandad de la Santa Caridad para que no se pierda su memoria. Por otra parte, la identificación que algunos han hecho de su figura con el Don Juan de El Burlador de Sevilla de Tirso de Molina o con Don Juan Tenorio de José Zorrilla, ha tenido como consecuencia que no pocos consideren a Mañara como un personaje legendario o novelesco que poco tiene que ver con la santidad.

Los milagros se piden a Dios nuestro Señor por intercesión de los santos. Seguramente hoy no son suficientes los sevillanos o los católicos de otras latitudes que se encomiendan a su intercesión para que obre el milagro que sería necesario para su beatificación. La causa, sin embargo, lo merece. Es necesaria la implicación de todos, de la Hermandad de la Santa Caridad, que probablemente debe redoblar sus esfuerzos para que Mañara sea conocido sobre todo por las jóvenes generaciones, mediante publicaciones sencillas y masivas, conferencias, exposiciones con un fuerte acento didáctico, concursos literarios, etc. Ha de implicarse también la Archidiócesis a través de la Delegación para las Causas de los Santos; y han implicarse todos los buenos católicos sevillanos, que tienen en Mañara un modelo y referente, y al mismo tiempo, un eficaz intercesor al que acudir.

Miguel Mañara nació en Sevilla el 3 de marzo de 1627 en el seno de una familia originaria de Córcega perteneciente a la pequeña nobleza sevillana, que le procuró a una esmerada educación humanística y también religiosa. Muerto su padre, del que heredó una considerable fortuna, contrajo matrimonio en agosto 1648 con Doña Jerónima María Carrillo de Mendoza. Fue el suyo un matrimonio feliz, del que no hubo descendencia. Mayores éxitos tuvo Mañara en el ámbito profesional, pues detentó importantes cargos en el concejo sevillano. Parece seguro que fue profundamente religioso y, como se ha insinuado más arriba, no tienen razón quienes hablan de una vida escandalosa y de una supuesta conversión.

Muerta su esposa en septiembre de1661, Mañara se retiró al desierto carmelitano de Ntra. Sra. de las Nieves, cerca de Ronda, por espacio de cinco meses, para dedicarse a la oración y a la meditación acerca de su futuro. Vuelto a Sevilla, y sin descartar el ingreso en una orden religiosa, una tarde del verano de 1662 se encontró en las orillas del Guadalquivir con un grupo de hombres encabezados por el hermano mayor de la Hermandad de la Santa Caridad, Diego de Mirafuentes, con quien entabló un diálogo que modificó sus planes y determinó su futuro. Esa misma tarde solicitó el ingreso en la Hermandad, cuya primera finalidad era enterrar a los ahogados, a los muertos que aparecían por las calles y a los ajusticiados.

Empezó ejerciendo el cargo de diputado de entierros y limosnas, lo que le dio la oportunidad de conocer los sufrimientos de tantos pobres sevillanos que morían en la calle. Este contacto con la pobreza extrema llevó al Venerable a proponer a los miembros de su Hermandad la creación de un hospital. La idea no prosperó de momento, pero en el mes de diciembre de 1663 Mañara fue elegido Hermano Mayor, cargo que desempeñará hasta su muerte. Fue entonces cuando pudo llevar a cabo su propósito entregándose en cuerpo y alma a esta obra en la que invirtió su propio patrimonio y para cuyo servicio renunció a sus cargos en el concejo.

En la vida de Mañara, que muere 9 de mayo de 1679, destaca su radicalidad, su humildad, su huida de la mediocridad y de la rutina, su profunda vida interior, fruto de su hondo amor a Jesucristo, su convicción de que el Señor se identifica especialmente con los más pobres de nuestros hermanos y que es a Él al que servimos cuando servimos a los necesitados.

Dios quiera que Sevilla no se olvide de esta figura preclara. Acudamos a él pidiéndole mereces y gracias, propaguemos su figura, pidamos al Señor su pronta glorificación e imitémosle sirviendo con esmero a los pobres especialmente en esta coyuntura desgraciada fruto de la crisis económica.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina, Arzobispo de Sevilla.

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