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INDICE | RECURSOS PARA EL AÑO DE LA FE

Año de la Fe
Llamados a ser pontífices
Por el Delegado Episcopal para el Año de la Fe en la archidiócesis de Sevilla, Rvdo. Sr. D. Adrián Sanabria Mejido, Pbro.
22 de octubre de 2013

Entre la terminología usada para dirigirnos al Papa hay una que a mí me gusta mucho y que últimamente se utiliza poco, se trata de Sumo Pontífice. El término, de raíz latina, y que era referido a altas personalidades políticas del Imperio romano, está formado por las palabras pons, "puente" + facere, "hacer", con un significado real de "constructor de puentes”.

Me parece precioso lo que significa: constructor de puentes, “hacen falta constructores de puentes en un mundo dónde cada día hay mías islas”. Creo que ahora más que nunca el mundo necesita de personas que sean puentes, puentes de diálogo, de fraternidad, de acogida, de comunión, de denuncia profética, de anuncio, de paz . ¿ No os parece que nuestros últimos Papas lo fueron,, no os parece que el Papa Francisco es un gran pontífice?.

Dicen que una de las características del hombre de hoy es que es muy autónomo y autosuficiente , que no precisa del otro más que cuando le conviene o interesa. Dicen que el hombre tiende a acostumbrarse al sufrimiento del otro y a la aceptación de situaciones injustas a su alrededor, y todo ello porque en el fondo somos islas, un mundo lleno de islas. En estos tiempo difíciles deberíamos ser hombres y mujeres pontífices. Creo que deberíamos plantearnos la posibilidad de ser esos puentes , porque solamente desde esa condición de pontífices podremos ser instrumentos de evangelización.

Además lo curiso es que hay una gran variedad de estilos de puentes, en mi pueblo hay uno que es un"dragón", lo importante no es cómo sean, sino su fin, la finalidad para la que fueron construidos. Pueden ser de hierro, de madera, de hormigón, lujosos o sencillos, góticos o contemporáneos... lo que define al puente es fin de unir un lugar con otro, un puente que no une no sirve para nada, un puente por sí solo no tiene razón de ser. Lo mismo ocurre con nosotros, ninguno somos iguales y por sí sólos no servimos para nada, lo nuestro es unir a los hombres entre sí, y a los hombres con Dios.

¿ Como serlo? Valgan estos siete ejemplos:
1.- Redescubriendo el valor del tener. Dándole a lo material justo el valor que tiene y nunca dándole el corazón. Viviendo aquel principio del tener para vivir y nunca vivir para tener. No olvidando que no es más rico quién más tiene sino el que menos necesita. Por ello, no tengas miedo a compartir un poco más de lo que lo haces, sé generoso, prívate de algo, da más de lo que tenías pensado. Si lo haces, si lo hacemos, construiremos el puente de la CARIDAD.

2.- Redescubriendo el valor de la oración y la Eucaristía. Precisando cada día de un rato de silencio, de escucha, de diálogo con Dios. Y viviendo la Eucaristía no como obligación, no como tradición, sino como necesidad de vida, de encuentro con el mismo Dios. Por ello te animo a que busques más tiempo de silencio, a que te levantes un poco antes para orar. Intenta buscar más tiempo de lectura de la Palabra de Dios. Busca la forma de sentarte con más frecuencia en el sagrario de tu parroquia. Si lo haces, si lo hacemos, construiremos el puente de la FE.

3.- Redescubriendo la naturaleza como regalo de Dios. Cuidando de todo lo creado, saboreando cada amanecer y atardecer como algo irrepetible. Trabajando por el ecologismo, reciclando dentro de tus posibilidades y mimando la tierra que hemos de dejar a las futuras generaciones. Si lo haces, si lo hacemos, construiremos el puente del ECOLOGISMO.

4.- Redescubriendo el valor de compartir la fe con el otro. No podemos ni amar, ni creer, ni esperar a solas, precisamos del otro, de la comunidad. Necesitamos del otro en un mundo que se declara autosuficiente. Hablemos de Dios sin miedo, expresemos nuestra fe, compartamos nuestros sentimientos religiosos. Al igual que se habla de política, de futbol, de moda, de recetas de cocina o de los estudios de los hijos, hablemos también de Dios con naturalidad y sencillez,. Hablemos de Dios tomando una cerveza, paseando con los amigos, o en el descanso de la oficina. No tengamos miedo a comunicar nuestra experiencia de Dios con el prójimo. Si lo haces, si lo hacemos, construiremos el puente de la EVANGELIZACIÓN.

5.- Redescubriendo la necesidad de trabajarnos cada día la posibilidad de ser mejores, de limar los errores, de superar las miserias y negatividades, de no conformarnos al pecado, ni a la desidia,… No vale decir: yo no puedo cambiar. El cristiano vive constantemente en un proceso de cambio, de ser más auténticos y coherentes. Si lo haces, si lo hacemos, construiremos el puente de la CONVERSIÓN.

6.-Redescubriendo la tarea de ser portadores de esperanza allí donde nos encontremos. Una esperanza sencilla y dispuesta, una esperanza desde lo pequeño y cotidiano. Una esperanza en un Dios que escribe derecho en los renglones torcido que nuestro mundo nos presenta. Poniendo esperanza donde hay duda, dolor y oscuridad. Y teniendo muy claro que nuestra esperanza es en el Señor, no cualquier esperanza, no una falsa esperanza. Si lo haces, si lo hacemos, construiremos el puente de la ESPERANZA.

7.- Por último redescubriendo aquella frase del Evangelio que decía que “aquel que no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios al que no puede ver”. Por tanto deseando lo mejor para el otro y buscando, desde el compartir, la realización del otro. Teniendo compasión, empatía para con el otro. Sufriendo por las injusticias del mundo y luchando para vencerlas. No te acostumbres al sufrimiento de tu prójimo, la insensibilidad es la muerte de tu espíritu. Si tienes compasión, si tenemos compasión, construiremos el puente de la MISERICORDIA.

No sé qué os parece, pero yo quiero ser pontífice, aunque me cueste, aunque falle, aunque el pecado golpee mi pobre vida, aunque no sea más que un pobre puente, pero quiero serlo, quiero intentarlo, ¿ y tú quieres ser pontífice? Seamos pontífices, el mundo lo necesita.

Un abrazo a todos. No tengáis miedo.

Adrián Sanabria Mejido
Delegado Episcopal para el Año de la Fe en la archidiócesis de Sevilla

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