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INDICE | RECURSOS PARA EL AÑO DE LA FE

Año de la Fe

Alocución del Arzobispo al término del Rosario de la Aurora
Domingo 12 de mayo de 2013

Querido Sr. Obispo auxiliar, Sr. Vicario Episcopal para la Nueva Evangelización, miembros del Consejo Episcopal, hermanos sacerdotes, consagrados y seminaristas, cofrades y miembros de la Asociación Virgen de los Reyes, hermanos y hermanas que con gran devoción y gozo espiritual habéis participado en este solemne Rosario de la Aurora del Año de la Fe.

A todos os agradezco vuestra colaboración para hacer posible esta espléndida manifestación de fe y de amor a Nuestra Señora. Hemos acompañado con la emoción a flor de piel a la Santísima Virgen de los Reyes, patrona de Sevilla y de la Archidiócesis.

De la mano de la Virgen, hemos contemplado el rostro de Cristo y hemos recorrido los acontecimientos decisivos de la infancia de Jesús en los misterios gozosos. Con la compañía de la Virgen María hemos entrado en los misterios de la vida del Señor con sus mismas disposiciones espirituales. Con la guía de la Virgen hemos admirado el mayor prodigio que vieron los siglos, la Encarnación del Verbo y su docilidad al Plan de Dios en la anunciación; el cántico de María en la visitación, alabando las maravillas obradas por Dios en ella. Hemos contemplado también el nacimiento del Señor en la pobreza de la cueva de Belén; su presentación en el templo y su ofrecimiento al Padre celestial; y la zozobra, por fin, de José y María ante la pérdida del Señor en el templo. Estoy seguro de que esta contemplación cálida ha fortalecido nuestra fe, ha alimentado nuestra esperanza y ha estimulado nuestra caridad hacia Dios y hacia nuestros hermanos.

En el corazón de mayo, mes mariano por excelencia, no sería pequeño fruto de este Rosario de la Aurora, si surgiera de nuestros corazones una mayor estima del Santo Rosario, una manera muy sencilla de acercarse a las fuentes de nuestra fe. Pocas devociones son tan antiguas, tan populares, tan entrañables, tan bendecidas y recomendadas por los Papas como el Rosario, que no es una devoción ni marginal ni pasada de moda. Es una devoción al alcance de todos, jóvenes y adultos, ancianos y niños. No exige lugares especiales, ni libros litúrgicos, ni la preparación que requieren los actos de culto. Se puede rezar paseando, en el coche, en el autobús y en las noches de insomnio. Por ello, es la devoción preferida de los ancianos y enfermos, de los humildes y sencillos. Es una devoción suave, relajante y tranquilizadora. Poco a poco, con la repetición de las avemarías, nuestro corazón se sosiega, se centra en lo que estamos considerando y se siente confortado y fortalecido.

Honrar a la virgen rezando el Rosario cada día es camino indiscutible de crecimiento espiritual y de fidelidad. El rezo diario del Santo Rosario es capaz de cambiar la vida de las personas, de las familias y de la sociedad. Así lo decía el Papa Juan Pablo II en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae. Rezar el Rosario cada día es una expresión bien elocuente de nuestro amor a nuestra Señora y de la necesidad que sentimos de encontrarnos con ella en cada jornada. Todos tendríamos que hacer un esfuerzo eficaz para recuperar esta devoción, tanto en la vida personal como en la vida comunitaria y parroquial, y también en las familias. La vida familiar no es igual cuando en nuestra casa se reza diariamente el Rosario. En el Twitter escrito por el Papa Francisco del pasado 3 de mayo nos decía que “sería hermoso, en este mes de mayo, recitar juntos, en familia, el Santo Rosario, pues la oración fortalece la vida familiar”.

Si los Papas han recomendado con insistencia el rezo del Rosario es porque la Virgen es la medianera de todas las gracias necesarias para nuestra salvación, para nuestra santificación y para nuestra fidelidad. Ella, asunta y gloriosa en el cielo, actúa como madre, con una intervención activa, eficaz y benéfica en favor de nosotros sus hijos, impulsando, vivificando y dinamizando nuestra vida cristiana. Ella, entronizada como reina en el cielo, ruega e intercede continuamente por nosotros pecadores ante su Hijo, rey de reyes y señor de los señores. Su oración por nosotros es absolutamente eficaz. Ella, con su múltiple intercesión, con su incesante plegaria ante su Hijo, es nuestra abogada y valedora. Por ello, la Iglesia nos alienta a acogernos bajo el amparo de aquella que es abogada nuestra, auxiliadora de los cristianos, socorro y medianera entre Dios y los hombres.

En esta mañana de mayo, en el ecuador del Año de la Fe, en la conclusión de este hermosísimo Rosario de la Aurora, yo os invito a caminar con María “a la zaga de su huella”, llevándola al frente de nuestra peregrinación en este Año de gracia. Sí, queridos hermanos y hermanas, vayamos con María, ¡Qué mejor compañía que la de la Santísima Virgen! Ojalá que en esta etapa de gracia que Dios nos ofrece, María sea el centro de nuestros pensamientos, el norte de nuestros anhelos, el apoyo de nuestras luchas, el bálsamo de nuestros sufrimientos y la causa redoblada de nuestras alegrías.

“La Virgen de los Reyes en el corazón” podría ser un buen lema para este sábado, día de la Virgen, para este mes de mayo, para este Año de la Fe y para toda nuestra vida. “La Virgen de los Reyes en el corazón” de nuestros niños y jóvenes, de nuestros adultos y ancianos. “La Virgen de los Reyes en el corazón” de todos los sevillanos. Con “la Virgen de los Reyes en el corazón” tendremos vida interior, vigor apostólico, viviremos la comunión fraterna, serviremos a los pobres y a los que sufren y trabajaremos por la construcción de la nueva civilización del amor. Con “la Virgen de los Reyes en el corazón” el Año de la Fe se convertirá en un camino de conversión y en un manantial de gracia, de santidad y de fidelidad a nuestra vocación cristiana, que propiciará la renovación de nuestra fe y el fortalecimiento de nuestro testimonio, meta final de este gran acontecimiento eclesial.

Así se lo pedimos a la Virgen de los Reyes en esta mañana en que ella nos mira con especial ternura. Le encomendamos a nuestros sacerdotes, consagrados y seminaristas para que vivan fiel y santamente sus respectivas vocaciones. Pedimos al Señor toque el corazón de nuestros jóvenes y sean muchos los que se decidan a entregarle la vida al servicio de la Iglesia, al servicio del anuncio del Evangelio y al servicio de sus hermanos. Le encomendamos a nuestra ciudad y a nuestra Archidiócesis en estos momentos de graves dificultades para tantos hermanos nuestros como consecuencia de la crisis económica, cuando se ha instalado entre nosotros una cierta depresión colectiva y un evidente temor por el futuro. Conscientes de que la crisis tiene como raíz el olvido de la ley santa de Dios, pedimos a la Virgen que aliente el progreso moral y espiritual de nuestra sociedad y también nuestro progreso material para que se mitigue el paro, que ha sumido en la desesperanza a tantas familias.

Le pedimos que ilumine a nuestras autoridades para que sirvan al auténtico bien común y busquen caminos de justicia, de equidad y prosperidad para nuestra tierra. Pedimos a la Virgen que bendiga a nuestra ciudad y a nuestra Archidiócesis, que a nadie le falte el pan y el trabajo, que todos seamos fieles a nuestras raíces cristianas, y que conservemos siempre como rasgo de nuestra identidad comunitaria el amor y la devoción a la Virgen de los Reyes. En la devoción a la Señora tenemos todos la mejor garantía de una vida cristiana vigorosa, dinámica, apostólica y comprometida. Ella nos ayudará a amar, a adorar y servir a Jesús. Ella nos llevará a todos de su mano, nos alentará en nuestras luchas y dificultades y nos defenderá de los peligros ahora y en la hora de nuestra muerte. Así sea.

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

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